(Maciel entrando en el hotel de Sitges donde mañana se celebra la sesión plenaria del Club Bildenberg)
Maciel contra Maciel
Arturo Jáuregui. Cáceres.Dicen que después de un firme asenso de lo que debe ser el rigor científico e intelectual, al líder de los LDC lo vieron santiguarse en no sé qué capilla. Su vindicación de la frugalidad no concuerda con unas cuentas que desde hace tiempo se rumorea posee en paraísos fiscales. Maciel no ha dejado de tener ciertas contradicciones: accesorias contradicciones, minúsculos satélites que apenas si lograban eclipsar la densa y compacta masa de su ideología. Por eso nadie esperaba lo del último concilio. “Esto es lo de donde dije digo digo Diego” declaró el líder milenarista en clara alusión a lo que ya se considera como un palmario giro político del Gran Khan Amarillo. Con más dramatismo se pronunció el líder gatista, quien reconoce su asombrada tristeza ante el sorprendente discurso de Maciel: “¿Dónde están sus antiguos elogios a la monarquía? ¿Qué ha pasado con su firme defensa de la laxitud fiscal?” Todo son recuerdos, ahora de su boca sólo salen palabras “envenenadas de intervencionismo estatal”. Realmente esto no es un giro político, sino una surrealista revolución, una traición a sí mismo: de hecho no comió rebozados en el Concilio, ni se presentó al mismo acompañado de sus esclavas. Maciel contra Maciel.
(Me pregunto ahora qué dirá a Doña Sofía Maciel , único miembro conciliar invitado a la sesión plenaria que el Club Bildenberg celebra mañana, cuando ambos se encuentren en Sitges)
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