Cierren la boca los murmuradores, los suspicaces y los hombres de poca fe; y dejen expedita la vía a los portadores de la verdad: no es un mito, El Olivar Chico de los Frailes existe.
Historia de una vieja cuestión.
Ya en el siglo III Suetonio Bilbilitano en sus De Vetoniae Rebus Libri Quattuor nos habla de un pequeño valle u hondonada (in hoc valle fragoso) que por la orientación no puede confundirse con otros lugares semejantes que rodean Cáceres. Otros viajeros posteriores coinciden en la descripción: acaso porque sus libros son de inspiración libresca y se limitan a reproducir comentarios anteriores. En cualquier caso, siempre podemos citar los testimonios de dos viajeros muy alejados de la erudición antigua y medieval. El primero de ellos es un japonés del siglo XVII, residente durante años en Sevilla y que viajó por Andalucía y Extremadura: Mishio Takama. Este fabuloso aventurero nos da cuenta de un pequeño y maravilloso valle al pie de la más pequeña de las montañas que rodean Cáceres (evidentemente se refiere a la actual “Sierrilla”). El segundo de estos testimonios es el del oficial inglés William Northon, partícipe en la guerra contra Napoleón y autor de la Guide for travellers in Extremadura. Allí nos habla de un “remote but fruitful hollow”. Tantos testimonios, sostenidos durante tantos siglos, no pueden conducir a engaño alguno.
Solución definitiva de la cuestión.
No he querido sacarlo a la luz pública antes. Sin embargo, ante la ola de difamaciones, de escepticismo y suspicacia, que amenazaba con quebrantar el espíritu vertebrador de nuestra joven República, he decidido dar a conocer los resultados de mis exploraciones con abundantes pruebas gráficas: el Olivar existe; yo estuve allí.
Historia de una vieja cuestión.
Ya en el siglo III Suetonio Bilbilitano en sus De Vetoniae Rebus Libri Quattuor nos habla de un pequeño valle u hondonada (in hoc valle fragoso) que por la orientación no puede confundirse con otros lugares semejantes que rodean Cáceres. Otros viajeros posteriores coinciden en la descripción: acaso porque sus libros son de inspiración libresca y se limitan a reproducir comentarios anteriores. En cualquier caso, siempre podemos citar los testimonios de dos viajeros muy alejados de la erudición antigua y medieval. El primero de ellos es un japonés del siglo XVII, residente durante años en Sevilla y que viajó por Andalucía y Extremadura: Mishio Takama. Este fabuloso aventurero nos da cuenta de un pequeño y maravilloso valle al pie de la más pequeña de las montañas que rodean Cáceres (evidentemente se refiere a la actual “Sierrilla”). El segundo de estos testimonios es el del oficial inglés William Northon, partícipe en la guerra contra Napoleón y autor de la Guide for travellers in Extremadura. Allí nos habla de un “remote but fruitful hollow”. Tantos testimonios, sostenidos durante tantos siglos, no pueden conducir a engaño alguno.
Solución definitiva de la cuestión.
No he querido sacarlo a la luz pública antes. Sin embargo, ante la ola de difamaciones, de escepticismo y suspicacia, que amenazaba con quebrantar el espíritu vertebrador de nuestra joven República, he decidido dar a conocer los resultados de mis exploraciones con abundantes pruebas gráficas: el Olivar existe; yo estuve allí.
Yo discrepo:
ResponderEliminarEntrenador brasileño anunció su adiós a selección peruana tras participación en la Copa Panamericana y las dudas de si se queda continuan
“CHICO” UN NUEVO PENSAMIENTO PARA EL VOLEIBOL PERUANO, PERO...